Peter Paul Rubens 004

Para subir hay que dejarse caer. No en un vacío, sino en aquello que llena el vacío que llevamos en el corazón, en la cabeza y no solo en el bolsillo. ¿Y qué es aquello? Es la Fuerza que proviene de lo eterno, que nos atrae hacia lo que trasciende lo perecedero. Es el impulso que nos saca de la inercia; de la tendencia a seguir el camino de menos resistencia y vivir meramente de las vanas apariencias a expensas de la verdadera esencia.

Sacándonos de reposo y poniéndonos en movimientos circunspectos en torno a la luminaria del conocimiento, esa Fuerza gravitacional de carácter sobrenatural pone en órbita nuestra vida sin luz direccional y la encausa hacia un destino más allá del terrenal.

Fue esa Fuerza perfecta la que creó los cielos y la tierra. La que nos puso en ella para labrarla y mayordomearla como seres hechos a su imagen y semejanza. La Fuerza de ese Poder nos concedió el placer de degustar todo fruto menos uno. La mujer miró ese uno y motivada por la astuta y venenosa lengua del que al mal no le da tregua, mordió el anzuelo queriendo ser igual al Dios que la creó y aliento de vida le dio. El hombre también los dientes en la fruta clavó y así a toda la humanidad condenó. 

Mas la Fuerza perfecta por eso a la humanidad no abandonó, sino que se encarnó y sacrificando su vida a los electos por su gracia redimió. Desafiando la gravedad de la muerte, aquella Fuerza resucitó y reina hoy como fuente de salvación para todo aquel que quiera de ella beber y nunca más hambre, sed y muerte padecer.

¿Quién no quisiera en los brazos de esa Fuerza caer? Todos ¿no? Mas son solo unos pocos los que sueltan el mundo y abrazan un futuro seguro en los brazos del que creó al mundo. Sí, son unos pocos y muchos le llaman locos. Pero, como dijo un fiel discípulo de la Fuerza, “no es loco el que sacrifica lo que inminentemente va a perder para ganar lo que nunca va a perecer”.

Siguiendo ese consejo, me miro en el espejo de la palabra perfecta del Eterno. Allí encuentro el todo que me falta adentro. El valor de sacrificar lo visible por lo invisible y proceder como lo hizo Él; bajando, dando, muriendo. Así resucitó, gloria recibió y a la humanidad la vida eterna ofreció.

La oferta hoy nos toca a la puerta. No esperemos que nos deje de llamar para la misma aceptar. Pues puede que cuando queramos de ella disfrutar haya caducado la oportunidad.

Hoy es el día de caer para renacer. De arrepentirse para recibir el perdón que sana el corazón y nos reconcilia de una vez y por todas con el Creador.

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