Art of Brick, Lego 02

Mientras leía una revista para descargar la cabeza y en- riquecer el corazón, una de sus páginas me contó la lección que Ole Kirk Christiansen, fundador de Lego, le en- señó a su hijo Godfred. Antes de compartirles el contenido del particular, es preciso señalar que lo que hoy conocemos como Lego, la compañía danesa de bloques plásticos de juguete, en sus inicios utilizaba la madera como insumo principal. No fue sino hasta después que se incendiara su fábrica en el año 1944 que la compañía hizo la transición al plástico en la reapertura de sus operaciones en 1947. De hecho, antes del éxito de los famosos ladrillos Lego, el pro- ducto estrella de la empresa era un pato construido con ma- dera de haya envejecida y acabado con tres capas de barniz.

Con eso dicho procedo a compartirles la lección. Un buen día el joven Godfred se presentó muy orondo donde su padre Ole Kirk Christiansen para informarle que había vendido dos cajas de los referidos patos a la Danish Co-op, una cooperativa danesa. Para esa orden en específico God- fred se había tomado la libertad de acabar los patos con dos capas de barniz en vez de tres, disminuyendo así el costo de producción y aumentando, a su vez, el margen de ganancia para la compañía. Ante esto, el Sr. Christiansen, para sorpresa de Godfred, se desconcertó y aprovechó la situación para reprender a su hijo y enseñarle sobre la importancia de honrar la calidad que distinguía a la empresa en su co- munidad. El sabio patriarca le exigió a su eventual sucesor que amablemente reclamara los patos a la cooperativa para darles la capa de barniz que les faltaba. Solo después de ha- ber completado el debido proceso podría Godfred despa- char la orden nuevamente.

Después de Godfred haber entregado los patos debidamente barnizados a la Danish Co-op, su padre lo convocó a su oficina y mientras este observaba un cuadro colgado en un lugar prominente de la misma, le habló al joven con voz firme y amorosa a la vez. Le dijo “mi hijo, si bien dos capas de barniz eran, de hecho, suficientemente buenas, nuestra empresa tiene como estándar no lo bueno, sino lo mejor y lo excelente”. Momento seguido le instruyó “lee lo que dice este cuadro que estoy contemplando”. Parado con la mano izquierda agarrando el dedo índice de la derecha por en- cima de su espalda baja, Godfred, que estaba cabizbajo, alzó la mirada y leyó en tono entrecortado “So--lo lo me- -jor es lo su-ficien--te--men--te bue--no”. “Léelo de nuevo, con voz fuerte y firme”, le exigió el Sr. Christiansen. “Solo lo mejor es lo suficientemente bueno” exclamó Godfred en un tono más confiado como indicando que había asimilado la lección que su padre le estaba enseñando.

Así ese día Godfred entendió que la calidad no se compromete aun en la producción y comercialización de un simple juguete. Y he ahí la gran diferencia entre lo mera- mente competente y lo verdaderamente excelente; entre el crecimiento efímero y el sostenido; entre una cultura ba- sada únicamente en producción y una que va más allá en- focándose en resultados a largo plazo. Una se focaliza en incrementar la ganancia material, la otra, en cambio, bus- ca mantener y mejorar la calidad del producto o servicio a

través de la fiel ejecución de una serie de procesos opera- cionales estándares que garanticen la excelencia en esen- cia; excelencia que trasciende la apariencia que engatusa y descubre el corazón de una empresa que labora con pasión para ofrecerle al mercado lo mejor de lo mejor.

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